Descubre la Serranía de Cuenca con niños
La Serranía de Cuenca es un destino de naturaleza donde verás paisajes que te cautivarán, muchos de ellos, esculpidos por el agua a lo largo de muchos siglos, porque el agua tiene un protagonismo especial en estas tierras. Ya sea que vayas en familia, con niños, en pareja o con amigos, la Serranía de Cuenca no te dejará indiferente.
El nacimiento del río Júcar o del río Cuervo, la laguna de Uña a los pies de una barrera de rocas conocida como El Escalerón y que te dejarán con la boca abierta, las caprichosas formas de las rocas de La Ciudad Encantada, son solo algunos de los parajes que hemos descubierto y que nos ha dejado con ganas de volver. Pueblos, rutas de senderismo, cultura, gastronomía, ¡un viaje que podrás hacer con tus hijos!
Índice de temas
- Huélamo, una atalaya en la Serranía de Cuenca
- Nacimiento del río Cuervo, un espectáculo de agua y roca
- Para los más aventureros. Subimos a lo más alto: La Mogorrita, ¡con nieve!
- Una ruta de senderismo 5 estrellas: El escalerón y La Raya
- El agua es la protagonista en el nacimiento del río Júcar y las Cascadas del Molino de la Chorrera
- La Ciudad Encantada: un laberinto de piedra
- Comentarios
Huélamo, una atalaya en la Serranía de Cuenca
Situado a más de 1.300 metros sobre el nivel del mar, el pueblo se levanta sobre una especie de atalaya natural desde la que se domina buena parte del paisaje serrano. Nos damos cuenta en la carretera de acceso al pueblo, que los próximos días estaremos en un "pueblo balcón", ya que justo después de cruzar el puente sobre el Júcar, tendremos que recorrer un zigzag en ascenso para llegar.
Huélamo forma parte del entorno del Parque Natural de la Serranía de Cuenca, una de las áreas naturales más espectaculares de Castilla-La Mancha, conocida por sus formaciones rocosas, sus extensos pinares y los profundos cañones excavados por ríos como el Júcar o el Escabas.
Apartamentos Los Ayales
Nos alojamos en Apartamentos Los Ayales, regentados por Ana, nuestra anfitriona y una trabajadora incansable. Ya habíamos hablado con ella por teléfono y habíamos visto fotos de los apartamentos, pero la realidad superó nuestras expectativas.
En los apartamentos Los Ayales se respira paz y tranquilidad. La comodidad es máxima, las vistas desde las terrazas son increíbles, están perfectamente equipados. Ana es una anfitriona atenta y amable que cuida cada detalle. Sin duda, un lugar ideal como base para descubrir la Serranía de Cuenca y explorar algunos de sus parajes más recomendables.

La ruta del Castillo de Huélamo
Una de las primeras cosas que hicimos fue recorrer la Ruta del Castillo, un itinerario oficial del Parque Natural. Es un paseo corto pero muy agradecido que conduce hasta los restos del antiguo castillo que protegía el pueblo. Comienza en la iglesia del pueblo, al lado de la plaza de toros de la localidad.
Aunque hoy quedan principalmente ruinas, la ubicación habla por sí sola. El castillo se levantó en época medieval aprovechando el carácter defensivo del cerro, desde donde se controlaban los caminos de la sierra.
Entre los muchos pueblos que salpican la Serranía de Cuenca, nosotros hemos elegido Huélamo para hospedarnos. Es un pequeño municipio que parece suspendido entre montañas y barrancos.
Las vistas desde allí permiten entender perfectamente por qué se eligió este lugar: montañas, pinares y un horizonte que parece no acabarse nunca.
El paseo es sencillo y perfecto para hacerlo con calma, disfrutando del silencio de la sierra y de ese aire limpio tan característico de la zona. Iremos disfrutando de los miradores que están dispuestos a lo largo de la subida, que está equipada con tramos de escaleras y pasamanos.
La original ermita de La Virgen del Pilar
Desde el castillo, oteamos una pequeña ermita que nos llama la atención y decidimos ir a verla. Tenemos la suerte de que nuestra anfitriona, Ana, de Apartamentos Los Ayales, es la guardiana de la llave. ¡Y menuda llave! Una preciosa llave de bronce realizada por un artista local.
Ana nos acompaña y nos explica que la ermita ha sido restaurada recientemente y que cada estrella que forma su techo ha sido realizada por un habitante del pueblo, ¡hermoso detalle para explicar a los turistas!
El interior resulta sorprendente por lo vistosas que son las pinturas, que aportan un toque histórico y artístico inesperado en un lugar tan pequeño. Estas sorprendentes pinturas de estilo bizantino son obra del artista José Segura García que las realizó de manera altruista desde 2010 a 2015 con ayuda de los propios vecinos de Huélamo.
Sin duda, la ermita del Pilar de Huélamo nos dejó un buen sabor de boca y nos parece un lugar extraordinario para visitar. Es uno de esos lugares especiales donde, más allá de lo que se ve, se percibe el cariño y la implicación de todo un pueblo. Un pequeño rincón lleno de arte, historia y colaboración vecinal que transmite una energía muy especial.
Nacimiento del río Cuervo, un espectáculo de agua y roca
Uno de los lugares más emblemáticos de la Serranía de Cuenca es el nacimiento del río Cuervo, un paraje natural que sorprende por su belleza y por el excelente estado de conservación de su entorno.
El acceso es muy cómodo y por eso mismo es un lugar muy concurrido sobre todo en fines de semana y festivos. Junto a la carretera hay un amplio aparcamiento donde podemos dejar el coche para empezar la ruta. Si no te gustan las multitudes, te recomendamos buscar un día entre semana.
El itinerario principal es lineal y sencillo, con unos 2,5 kilómetros de recorrido, aunque existe la posibilidad de ampliarlo y realizar un pequeño circuito casi circular para disfrutar con más calma del paisaje.
El sendero está perfectamente acondicionado, con pasarelas de madera en varios tramos que permiten caminar con facilidad entre la vegetación y los cursos de agua. Además, si te gusta curiosear datos y explicaciones, hay paneles informativos que explican por qué se han formado las cascadas del río, y nos hablan sobre la vegetación y fauna del entorno.
Se trata de una excursión ideal para hacer en familia con niños.
Las cascadas, el verdadero espectáculo
El camino avanza entre pinares, musgos y pequeñas corrientes de agua que anuncian la proximidad de las cascadas, un verdadero espectáculo natural. Allí el agua se descuelga por una serie de cascadas escalonadas que se deslizan sobre formaciones de roca caliza cubiertas de musgo, creando uno de los paisajes más fotogénicos de toda la provincia. Si tenemos la suerte de que las lluvias han sido abundantes, como es el caso, el caudal se multiplica y el sonido del agua lo envuelve todo.
Pero el nacimiento del río es mucho más modesto y se esconde aguas arriba. Seguimos subiendo por un sendero más estrecho y un corto tramo de escaleras, que terminan en un pequeño mirador. Este tramo de escaleras es un poco empinado y puede resultar algo resbaladizo cuando el caudal es abundante, aunque está equipado con pasamanos que facilitan el paso.
El nacimiento
El nacimiento del río se encuentra en una pequeña oquedad bajo un abrigo rocoso, de donde surge un caño de agua pura que marca el inicio del río Cuervo. Es un lugar sencillo y humilde, casi discreto, pero con algo marca el instante exacto en el que comienza la vida de un río.
El nacimiento del río se encuentra en una pequeña oquedad bajo un abrigo rocoso, de donde surge un caño de agua pura que marca el inicio del río Cuervo. Es un lugar sencillo y humilde, casi discreto, pero con algo marca el instante exacto en el que comienza la vida de un río.
Cascadas congeladas del río Cuervo
En invierno, además, el paraje adquiere un carácter casi mágico. Las cascadas pueden congelarse parcialmente y formar caprichosas esculturas de hielo que convierten el nacimiento del río Cuervo en uno de los rincones más singulares de la Serranía de Cuenca.
Para los más aventureros. Subimos a lo más alto: La Mogorrita, ¡con nieve!
Algo que nos llamaba poderosamente la atención es subir al pico Mogorrita considerado tradicionalmente el techo de la provincia de Cuenca con 1.864 de altitud. No es una montaña abrupta ni espectacular en apariencia, pero llegar hasta su cumbre supone adentrarse en uno de los paisajes forestales mejor conservados del interior peninsular.
La ruta más sencilla para coronarlo parte del Puerto del Cubillo, a unos 20 minutos en coche de Huélamo. Desde aquí se puede realizar un recorrido circular de unos 7,5 kilómetros, perfecto para una excursión de media jornada apta incluso para niños, siempre que estén acostumbrados a caminar en terrenos de montaña.
Es una ascensión de montaña sin grandes dificultades técnicas. Gran parte del recorrido transcurre por caminos forestales y pistas anchas, lo que hace que el avance sea cómodo y progresivo.
El sendero se introduce rápidamente en un extenso bosque de pino silvestre, uno de los ecosistemas más característicos de la Serranía de Cuenca. Los troncos rojizos se elevan rectos hacia el cielo mientras el suelo aparece cubierto de agujas de pino, brezos y sabinas rastreras. Tenemos la suerte de encontrar nieve desde muy abajo.
Aquí la naturaleza conserva un aire genuinamente salvaje. El silencio del bosque solo se rompe por el viento entre las copas o por el canto de los pájaros. Si se avanza con calma y en silencio, no es raro avistar fauna. En estas montañas habitan abundantes poblaciones de ciervos, corzos y gamos, que a menudo aparecen entre los claros del bosque antes de desaparecer de nuevo entre los pinos.
La ascensión hacia la cumbre del Mogorrita
Tras unos dos kilómetros de suave caminata, un cruce marca el punto donde comienza la subida real. El camino gira hacia la izquierda y empieza a ganar altura de forma progresiva, dibujando varias curvas mientras se aproxima a la cumbre. Tenemos la suerte de encontrar bastante nieve en la parte más alta, y eso supone un disfrute extra para los niños que se detienen a jugar y pisotearla.
La pendiente es constante pero llevadera, y poco a poco el bosque se abre dejando entrever las primeras panorámicas de la serranía. Tras algo más de cuatro kilómetros desde el inicio aparece una antigua caseta forestal, señal de que la cima está cerca.
Unos minutos más de subida conducen hasta el punto más alto, donde se alza el vértice geodésico del Mogorrita, acompañado por una pequeña torre de vigilancia y comunicaciones.
Desde aquí el paisaje se extiende en todas direcciones: colinas cubiertas de bosques, crestas calizas y una sucesión infinita de montañas que definen el carácter de la Serranía de Cuenca. Hacia el este, en días despejados, se distinguen los Montes Universales, donde nacen ríos tan emblemáticos como el Tajo.
La cresta y el descenso por una antigua pista de esquí abandonada
La cumbre del Mogorrita forma una pequeña muela caliza alargada, que se prolonga en forma de cresta. El descenso comienza recorriendo este tramo rocoso hacia el sur. Es el único punto de la ruta donde conviene prestar algo más de atención. Aunque no presenta una gran dificultad, el terreno es pedregoso y conviene caminar con precaución y llevar buen calzado.
Desde el extremo de la cresta, un sendero poco marcado desciende hasta un cortafuegos abierto en el bosque, que en invierno puede aparecer cubierto de nieve, transformándose casi en una improvisada pista blanca. Este cortafuegos se construyó como proyecto para una pista de esquí, que se abandonó por no poder llevar la electricidad para los telesillas.
Nosotros lo encontramos completamente cubierto de nieve profunda y el avance era muy complicado, así que descendimos en paralelo por el interior del bosque.
En la bajada por el pinar nos encontramos con uno de los pequeños tesoros de la ruta: un ejemplar monumental de pino silvestre, enorme.
El último tramo enlaza con la carretera del puerto, desde donde solo quedan unos minutos para regresar al punto de inicio.
El techo de Cuenca ¿o casi?
Durante años, el Mogorrita ha sido considerado el techo de la Serranía de Cuenca y uno de los puntos más altos de la provincia. Sin embargo, estudios topográficos recientes sugieren que algunas elevaciones cercanas podrían superarlo ligeramente en altitud.
Sea o no el punto más alto exacto, lo cierto es que el Mogorrita sigue siendo la cumbre más emblemática y visitada de la serranía, un lugar simbólico para senderistas y amantes de la naturaleza.
DATOS DE LA RUTA
Pico Mogorrita (1.864 m) – Circular desde el Puerto del Cubillo
Distancia: 7,5 km.
Tipo de ruta: circular.
Desnivel acumulado: 290 m.
Altitud mínima / máxima: 1.588 m / 1.864 m
Tiempo aproximado: 3 horas, dependiendo del ritmo.
Terreno: pistas forestales y caminos anchos. Pequeño tramo rocoso en la cresta.
Punto de inicio: Puerto del Cubillo (carretera CM-2119), a unos 20 minutos de Huélamo.
Una ruta de senderismo 5 estrellas: El escalerón y La Raya
En el pequeño pueblo de Uña se encuentra una de las rutas más espectaculares y representativas del Parque Natural de la Serranía de Cuenca: El Escalerón y La Raya. Un recorrido circular de unos 12 kilómetros que combina miradores, bosques, paredes rocosas y senderos en altura, convirtiéndose en una de las excursiones más completas de toda la serranía.
Es una ruta muy variada y paisajística. Aunque no presenta dificultades técnicas, la distancia y el desnivel son importantes. Se puede hacer con niños mayores que estén muy acostumbrados a caminar en terrenos rocosos, y teniendo muchísima precaución porque hay zonas muy expuestas donde se recomienda llevar a los niños más pequeños, de la mano.
Inicio junto a la preciosa laguna de Uña
La ruta comienza en el mismo pueblo de Uña, en la misma carretera tenemos los paneles informativos del sendero y un aparcamiento, al lado de unos restaurantes.
El itinerario está bien señalizado y forma parte de las rutas oficiales del parque, por lo que puede realizarse sin GPS si llevamos una mínima información previa.
Apenas unos minutos después de comenzar aparece el primer mirador sobre la laguna de Uña, una lámina de agua rodeada de montañas. Aunque su origen es natural, la laguna fue ampliada por la acción humana hace décadas.
En esta zona, también encontramos varios puntos de interés como el centro de interpretación de la naturaleza y un punto de observación astronómica, desde donde se organizan actividades para contemplar el cielo nocturno en uno de los lugares con menor contaminación lumínica de la provincia.
Otro punto interesante es la ermita de la Virgen del Espinar, que está tallada en la roca caliza y que guarda una talla de madera de la virgen, muy venerada por la gente del lugar.
La subida hacia el Escalerón
Tras bordear la laguna y caminar un tramo por pista en dirección a la piscifactoría, el sendero abandona el fondo del valle y comienza a ganar altura por un camino que asciende de forma constante entre pinos y rocas. A medida que avanzamos, el paisaje se vuelve cada vez más espectacular.
Pasamos por una fuente y vamos subiendo cómodamente por un sendero que asciende para situarnos en la zona más alta.
Los últimos tramos en zigzag son especialmente llamativos por las formas de las rocas con arcos naturales y miradores improvisados. Cuando alcanzamos la parte superior, el sendero se transforma por completo.
Caminando por las terrazas naturales
Arriba nos espera una repisa natural excavada en la roca, una especie de terraza colgada sobre el valle. A partir de aquí el camino avanza prácticamente en horizontal durante un buen tramo, manteniendo altura y con vistas espectaculares.
Pasamos por el Mirador del Refrentón, donde encontramos un panel informativo de las aves que habitan estos roquedos, como el buitre, águila real, alimoche, halcón peregrino, y otras aves más pequeñas como el vencejo, el roquero solitario o el treparriscos. Desde el mirador podemos ver las instalaciones de la piscifactoría y la laguna de Uña abajo.
Caminamos por un sendero bien señalizado que se acerca de vez en cuando a algunos miradores naturales. El sendero es bien ancho y no hay ningún paso delicado. No obstante, este es uno de los puntos donde debemos tener cuidado de que los niños no se acerquen demasiado al borde del precipicio.
Desde esta posición privilegiada se observan los cortados calizos de la serranía, el bosque extendiéndose a los pies del sendero y el vuelo de los buitres leonados que planean aprovechando las corrientes térmicas.
Los grandes cortados calizos que rodean Uña son el hábitat ideal para los buitres leonados. Durante la ruta es habitual ver varios ejemplares planeando sobre los barrancos, aprovechando las corrientes térmicas para elevarse sin apenas mover las alas.
Estas aves pueden superar los 2,5 metros de envergadura, y su vuelo silencioso añade un componente casi salvaje a la experiencia. Junto a ellos también habitan otras aves de roquedo, como el halcón peregrino, el alimoche o la chova piquirroja, lo que convierte esta zona en un lugar muy interesante para aficionados a la ornitología.
La Raya: un sendero esculpido en la roca
Tras atravesar un tramo de pinar, el itinerario enlaza con La Raya, otro de los sectores más emblemáticos del recorrido. Aquí el sendero se vuelve más estrecho y discurre encajado entre formaciones rocosas, como una especie de barranco, descendiendo suavemente por un trazado estrecho pero muy bello forrado de vegetación.
Poco después el terreno se abre y aparece uno de los grandes miradores de la ruta: una repisa de roca que recuerda a algunas de las famosas "fajas" del Pirineo, como las del Parque Nacional de Ordesa. Desde aquí el paisaje se despliega con una amplitud espectacular.
Nos entretenemos haciendo fotos, admirando la belleza del paisaje, contemplando el vuelo hipnótico de los buitres. Recorremos la repisa hasta donde ya no podemos avanzar más, regresando después a la baliza que indica el descenso hacia la laguna de Uña.
El descenso final conduce de nuevo hacia el valle, cerrando el círculo cerca del punto de inicio.
Aquí volvemos a ver la laguna entre los árboles y nos queda la impresión de haber recorrido uno de los senderos más completos y espectaculares del parque, una de esas rutas que justifican por sí solas un viaje a la Serranía de Cuenca.
Datos de la ruta
El Escalerón y La Raya – Circular desde Uña
Distancia: 12 km aprox.
Tipo de ruta: circular (sentido antihorario recomendado)
Desnivel acumulado: 350 m. aprox.
Tiempo aproximado: 3,5 – 4 horas
Dificultad: moderada
Señalización: ruta oficial del Parque Natural, bien señalizada
Punto de inicio: aparcamiento señalizado en la carretera, antes de entrar al pueblo de Uña.
El agua es la protagonista en el nacimiento del río Júcar y las Cascadas del Molino de la Chorrera
En el corazón del Parque Natural de la Serranía de Cuenca nace uno de los ríos más importantes de la Península Ibérica: el río Júcar. Su origen se encuentra en un paraje conocido como los Ojuelos de Valdeminguete, en el valle que separa dos de las grandes alturas de la provincia: la Muela de San Felipe y la Mogorrita.
A unos cuatro kilómetros de Tragacete, comienza una de las rutas más bonitas para descubrir este lugar.
El estrecho de San Blas
El sendero parte en las inmediaciones del albergue y la fuente de San Blas, donde dejaremos el coche aparcado. Es un paraje de gran belleza por las formas y altura de las rocas y el sonido del agua.
Nos paramos un momento en la fuente de San Blas y nos acercamos a ver la hornacina que contiene la figura del Santo que le da nombre al paraje.
La ruta más habitual para conocer el nacimiento del Júcar es un recorrido lineal, fácil y bien señalizado de unos 8 kilómetros, que puede ampliarse con una variante circular que asciende hacia el cerro de San Felipe. Esta última tiene una distancia de unos 12 km. Elegimos la corta y lineal porque el día pinta lluvioso y no queremos arriesgarnos a que nos caiga un chaparrón.
El camino sigue principalmente una pista forestal cómoda que se adentra en el valle. Desde el inicio se aprecia una de las características más curiosas del nacimiento del Júcar: el río aparece y desaparece. La razón está en la naturaleza caliza del terreno. El agua se filtra por la roca y vuelve a emerger en diferentes puntos del valle, creando una red de manantiales y surgencias que alimentan el río en su curso alto.
Se da la circunstancia que en esta época después de gran cantidad de lluvia, el agua brota por todas partes y pequeños arroyos cruzan el sendero, obligando en algunos puntos a cruzar el cauce o caminar entre zonas encharcadas. Por ello, recomendamos llevar botas de montaña impermeables para no mojarnos los pies.
Llegamos a un prado donde tenemos la opción de comenzar la ruta circular, pero nosotros continuamos al frente hacia el estrecho del infierno. Aquí encontramos unos paneles informativos explican el fenómeno hidrológico que da origen al Júcar.
El Estrecho del Infierno y los manantiales
Continuando valle arriba se alcanza uno de los puntos más emblemáticos del recorrido: el Estrecho del Infierno.
En este lugar, rodeado de rocas calizas, brotan numerosos manantiales de aguas cristalinas que alimentan el nacimiento oficial del río.
Dependiendo de la época del año, el paso puede estar seco o llevar agua. En este caso, la gran cantidad de agua caída en las semanas previas, nos obliga a caminar con cuidado porque prácticamente discurre un río por allí.
A pesar de llevar calzado cerrado de montaña, no atravesamos el estrecho en su totalidad y solo llegamos justo al punto donde un panel informativo señala el nacimiento del río Júcar. Dos de nosotros nos damos aquí la vuelta mientras que un miembro del equipo continua río arriba.
Más agua y barro, y a unos 700 metros, el camino a la derecha esta algo más practicable. Vemos un par de gamos, con su característica forma de saltar.
La pendiente se endurece un poco tras girar y llegamos a un punto que consideramos que es donde nace la mayoría del agua que vemos, aflorando por el suelo.
Volvemos sobre nuestros pasos con amenaza de tormenta, y en el regreso encontramos un par de coches turismos dándose la vuelta por no poder continuar por el barro y el agua. ¡Muchas veces es mejor no querer llegar con el coche a estos lugares tan especiales y disfrutar caminando! El punto más seguro para estacionar es la fuente de San Blas, nunca más allá.
La Chorrera del Molino
Al llegar al coche, se ha puesto muy oscuro y amenaza una buena tormenta, nos montamos en el coche y nos dirigimos por la carretera hacia Tragacete. Como la lluvia no aparecía, estacionamos el coche a un lado de la carretera, al inicio del sendero para ver la Chorrera del Molino, una cascada de veinte metros de altura.
Es un sendero corto equipado con puentes y pasarelas de madera que en pocos minutos nos deja al pie de la cascada del Molino de la Virgen o Chorrera del Molino. Hay paneles informativos por todo el recorrido, lo que lo hace más entretenido.
Este salto de agua se descuelga por la roca formando una elegante cortina de agua que contrasta con el verde del bosque. No es una cascada enorme, pero su ubicación en pleno nacimiento del río la convierte en uno de los rincones más fotogénicos de la Serranía de Cuenca.
La Ciudad Encantada: un laberinto de piedra
El día de nuestro regreso decidimos visitar La Ciudad Encantada, uno de los paisajes geológicos más sorprendentes de España.
A primera vista, parece un bosque de piedra. Pero al caminar entre sus senderos se descubre algo aún más curioso: enormes bloques de roca modelados por la erosión que adoptan formas caprichosas y evocadoras: elefantes, tortugas, cocodrilos, puentes naturales o setas gigantes aparecen a cada paso, convirtiendo el lugar en una especie de museo natural esculpido por el tiempo.
La visita se realiza mediante un recorrido circular de unos 3 kilómetros, perfectamente acondicionado y señalizado. Es un paseo fácil, apto para prácticamente cualquier visitante y especialmente recomendable para familias con niños.
De hecho, es uno de esos lugares ideales para iniciar a los más pequeños en el senderismo. El recorrido se convierte en una especie de juego: avanzar buscando las figuras escondidas en las rocas, atravesar pasillos estrechos entre paredes de piedra o descubrir pequeños rincones ocultos. Los niños se lo pasan genial metiéndose por los huecos de las rocas y escondiéndose detrás de las figuras más raras.
El mapa que se entrega en la taquilla indica las formaciones más representativas, muchas de ellas bautizadas por su parecido con animales u objetos. Entre las más conocidas destacan el Elefante, el Cocodrilo, los Barcos o el Puente Romano.
Pero más allá de los nombres, lo que realmente sorprende es la sensación de caminar por un lugar casi irreal, donde la roca parece haber sido moldeada por el hombre.
El poder del tiempo y la erosión
Las formaciones de la Ciudad Encantada tienen su origen hace millones de años, cuando toda esta zona estaba cubierta por el mar. Con el tiempo, los sedimentos calcáreos se transformaron en roca.
Mucho después, el levantamiento de la cordillera y la acción combinada del agua, el hielo y el viento fueron esculpiendo lentamente estas masas de piedra. El resultado es un paisaje kárstico donde la erosión ha creado arcos, torres, corredores y bloques con formas sorprendentes.
Los rincones más curiosos del recorrido
Entre los puntos más llamativos del itinerario hay algunos que sorprenden especialmente.
Uno de ellos es el largo pasillo entre paredes rocosas, un estrecho corredor natural que parece abrirse paso entre gigantes de piedra. Otro rincón muy curioso es el convento, con un arco gótico casi perfecto que aporta un inesperado toque humano a este paisaje tan primitivo, pero que sin duda también ha sido creado por la naturaleza.
También es muy popular la formación conocida como la lucha entre el elefante y el cocodrilo, una de las escenas más fotografiadas del lugar. O los amantes de Teruel.
Además del recorrido oficial, en los alrededores existen pequeños senderos y zonas cercanas donde se pueden descubrir otras formaciones rocosas igualmente espectaculares, muchas veces con menos visitantes.
¿Merece la pena la visita?
Mientras esperábamos en la cola, era fácil escuchar el mismo comentario entre los visitantes: "Es un poco caro, pero ya que estamos aquí..."
La entrada cuesta 7 euros, con la opción de realizar una visita guiada por 12 euros. Después de recorrer el lugar, nuestra impresión es clara: sí merece la pena.
Es cierto que el precio puede parecer elevado para un paseo relativamente corto, pero el entorno es realmente bonito y diferente. Si se camina con calma, haciendo fotos y explorando los rincones, la visita puede alargarse fácilmente hasta dos horas.
Si estás recorriendo la Serranía de Cuenca, es una parada muy recomendable.
Un paisaje que parece de otro planeta
Además, llegar hasta aquí ya forma parte de la experiencia. La carretera que atraviesa la serranía, especialmente en el tramo hacia Valdecabras, discurre entre bosques y montañas que anticipan la belleza del lugar.
















