Nos alojamos en un hotel de la zona de Gueliz, la conocida como la ciudad nueva de Marrakesh, representada por las grandes avenidas Mohamed V y Mohamed VI, y lugar de residencia de muchos extranjeros que viven en Marrakesh. En esta parte de la ciudad se encuentran las tiendas más lujosas y occidentales. No obstante, el hotel se encuentra a unos 15 minutos a pie de la Medina, y es un buen sitio como punto de partida para visitar Marrakesh.
Después de bajar del Alto Atlas, toca un día de relax paseando por la medina e imbuyéndonos en el ambiente que se respira en la Ciudad Roja. El punto de referencia que se vislumbra desde casi cualquier punto es la Mezquita Koutoubia, cuyo minarete tiene casi 70 metros de altura. Es la mezquita más importante de Marrakesh y fue una de las mayores del mundo islámico cuando finalizó su construcción en 1158. Tenemos que conformarnos con verla desde fuera ya que la entrada está prohibida a los no musulmanes.
La Koutoubia se encuentra a solo 300 metros de la Plaza de Jamaa el Fna, la plaza central de Marrakech y punto más importante de la Medina. Pasear por la plaza y ver la transformación que va sufriendo a lo largo del día, es uno de los entretenimientos de los turistas. Ya temprano por la mañana ya encontramos cosas que nos llaman la atención: domadores de monos, encantadores de serpientes e incluso dentistas exponiendo las últimas piezas extraídas, además de multitud de puestos de zumo de naranja, especias y otras cosas curiosas.
Alrededor de la plaza se abren decenas de calles estrechas que dan paso al zoco propiamente dicho, un laberinto de calles con infinidad de puestos de artesanía, especias, cuero, ropa y productos típicos, donde compran los residentes de Marrakech y donde los tenderos intentan hacer el agosto con los turistas. A pesar de que el zoco es la cuna del regateo, los tenderos están muy acostumbrados a tratar con turistas y os pedirán bastante más de lo que esperan obtener. Dicen que no hay que pagar más de un tercio del precio de salida.
Nos sorprendió la cantidad de tráfico motorizado que transita por las calles del zoco, por muy estrechas que sean. Hay que tener mucho ciudado de que no os atropellen e intentar circular por la derecha y pegado a la pared. Y por supuesto nadie os librará de respirar el humo de motos y coches, mientras que paseais por allí.
Uno de los oficios más antiguos de la ciudad son los curtidores. Se conservan en la ciudad varios lugares donde trabajan el cuero a la manera tradicional, sobretodo para la visita de turistas, existiendo ya en Marrakesh fábricas más modernas mecanizadas. Nos dejamos llevar por un guía local improvisado que nos llevó a visitar una de estas fábricas artesanales, donde pudimos ver los estadios y procesos por los que pasa la piel hasta ser convertida en el producto final. Antes de entrar nos ofrecen un ramito de yerbabuena para poder soportar el mal olor de la visita, mientras nos explican los diversos tratamientos por los que pasa la piel.
De vuelta a la plaza, ya por la tarde, los puestos matinales desaparecen y dan paso a los puestos de comida, músicos improvisados y corrillos de gente prestando atención a diversos espectáculos. El atardecer transforma la plaza, el olor y el bullicio se tornan diferentes. Es todo un espectáculo.
Como solo tuvimos un día para conocer Marrakech, elegimos respirar el ambiente de la ciudad sin prisas. Pero Marrakech tiene muchas otras cosas interesantes para ver, de las que te damos algunas indicaciones en VERSIÓN EXTENDIDA.
Día 6.- Marrakesh, la ciudad roja